aceptarse y ser feliz

Aprende a aceptarte tal y como eres para ser más feliz

¡Bienvenido! Hoy vamos a hablar de algo que, en el fondo, todos necesitamos: aprender a aceptarnos tal y como somos. Quizás pienses: «¿Aceptar mis defectos? ¡Ni loco!» O puede que lo hayas intentado, pero esa vocecita interna siempre te sabotea recordándote lo que no haces bien. Tranquilo, no estás solo en este desafío, y hoy vamos a desmantelar mitos, ofrecerte estrategias y, sobre todo, vamos a hacerlo con una buena dosis de humor, porque si algo necesitamos en este viaje de autoaceptación es aprender a reírnos de nosotros mismos (¡y de nuestros errores también!).

El gran dilema: ¿Por qué es tan difícil aceptarnos?

La vida moderna nos ha puesto un reto gigante: querer siempre ser mejores, más guapos, más productivos, más todo. Las redes sociales han hecho que comparemos nuestras vidas con las de influencers que parecen vivir en un mundo perfecto. Y, spoiler alert: ¡nadie tiene una vida perfecta! Lo que ves es una versión editada y muy cuidada de la realidad. Así que, primera lección: deja de compararte con los demás.

La comparación es un veneno que nos hace sentir insuficientes. Cuando comparas tus logros con los de los demás, lo único que consigues es ignorar todo lo bueno que tienes en ti. Y aquí está la clave: cada uno de nosotros tiene su propio camino, su propio ritmo, y lo más importante es aprender a caminar ese camino con la cabeza bien alta, aceptando que somos perfectamente imperfectos.

Ahora que hemos explorado las razones detrás de nuestra lucha con la aceptación, es fundamental reflexionar sobre cómo las expectativas pueden atrapar nuestra autopercepción.

La trampa de las expectativas

Si te pones a pensarlo, muchas veces nuestras expectativas son irreales. ¿Cuántas veces has pensado que deberías ser increíblemente exitoso, estar en forma como un atleta olímpico, tener la casa impecable como si estuvieras a punto de recibir a la Reina? ¡Por favor! La vida no es así.

El perfeccionismo es tu peor enemigo. Nos venden la idea de que debemos hacerlo todo bien, y cuando no lo logramos, nos sentimos como fracasados. Pero ¿sabías que el perfeccionismo está muy ligado a la ansiedad y la baja autoestima? Cuando te fijas metas imposibles de alcanzar, solo te estás preparando para sentirte mal contigo mismo. La próxima vez que esa vocecita interior te diga que no eres suficiente, respóndele: “Soy suficiente tal y como soy, con mis logros y mis errores”.

La autocompasión es un gran antídoto contra el perfeccionismo. Piensa en cómo tratas a un amigo cuando está pasando un mal momento. Seguro que lo animas, le dices que todo va a estar bien y que todos cometemos errores. Ahora, ¿por qué no aplicas esa misma amabilidad contigo mismo? Si cometes un error, en lugar de castigarte, aprende a perdonarte y, sobre todo, a ser compasivo contigo mismo. ¡Te lo mereces!

Entender las expectativas que nos imponemos es el primer paso para abrazar lo que somos; sin embargo, este viaje hacia la autoaceptación requiere profundizar en el verdadero significado de aceptarte a ti mismo.

Lo que significa aceptarte a ti mismo

Aceptar quién eres no significa que dejes de mejorar. Autoaceptación no es conformismo. No estamos hablando de decir «bueno, soy así y punto». No, no, no. Aceptarte significa reconocer tus fortalezas y debilidades, abrazar tus imperfecciones y entender que, aunque quieras crecer y mejorar, lo haces desde un lugar de respeto hacia ti mismo, no desde la crítica constante.

Imagina esto: llevas un saco pesado lleno de críticas, dudas y comparaciones. Cada día que pasa, ese saco se hace más pesado, y sigues cargándolo porque, de alguna manera, sientes que es tu obligación. Ahora, imagina que decides soltarlo. ¿Cómo te sentirías? Libre. Eso es lo que pasa cuando empiezas a aceptarte tal y como eres: te liberas del peso de las expectativas, de la autocrítica y de la presión externa.

Una vez que hayas comenzado a aceptarte, te darás cuenta de que la gratitud por lo que eres puede ser una poderosa aliada en este proceso.

La importancia de la gratitud

Aquí te va un truco sencillo pero potente para empezar a aceptarte más: la gratitud. ¡Sí! Parece una cosa muy simple, pero la gratitud puede cambiar la manera en que te ves a ti mismo. En lugar de enfocarte en lo que te falta o en lo que no has logrado aún, empieza a agradecer lo que ya tienes y quién eres en este momento. ¿Sabes lo que esto hará por ti? Te ayudará a cambiar tu mentalidad de escasez a una de abundancia.

Haz una lista (¡o varias!) de todas esas cosas que aprecias de ti mismo. Puede ser algo tan pequeño como tu habilidad para hacer reír a los demás o tan grande como tu perseverancia en situaciones difíciles. Lo importante es que reconozcas tu valor y te des cuenta de que tienes muchas razones para sentirte bien contigo mismo.

Y ojo, que esto no es cuestión de hacerlo una vez y olvidarte. La gratitud es una práctica diaria. Empieza y verás cómo, poco a poco, te sentirás más en paz contigo mismo y serás capaz de aceptarte cada día un poco más.

Como consejo te puedo recomendar que todas las noches, cuando estés ya tumbado en la cama y listo para dormirte, practiques la gratitud, y des gracias por el día que acaba de terminar, por todo lo bueno que ha habido en él y por todas las cosas buenas y bien que has hecho. Incluso da gracias de tus errores, pues de ellos puedes aprender y son una oportunidad para mejorar mañana. Si haces esto cada noche, verás resultados sorprendentes en pocos días, te lo aseguro.

La gratitud nos permite apreciar lo que tenemos y somos; de aquí surge la necesidad de aprender sobre la autocompasión, un compañero esencial en nuestro camino hacia el amor propio.

La autocompasión: tu nuevo mejor amigo

Ser autocompasivo significa ser tan amable contigo mismo como lo serías con tu mejor amigo. ¿Recuerdas ese momento en el que tu amigo metió la pata hasta el fondo y tú estuviste ahí para consolarlo, sin juzgarlo? Pues la próxima vez que sientas que no estás a la altura o que has fallado en algo, trata de aplicarte la misma dosis de cariño. Entiende que puedes fallar, igual que tu amigo, y que no pasa nada, y que tú eres también la persona que puede aceptarte y consolarte desde dentro.

Uno de los mayores problemas que tenemos es que somos nuestros peores críticos. Nos decimos cosas que jamás le diríamos a otra persona, y eso va minando nuestra autoestima poco a poco. La autocompasión te enseña que cometer errores es algo natural, y que esos errores no te definen. Lo que te define es cómo te levantas y cómo sigues adelante, con amabilidad y sin ese látigo de la autocrítica que tanto daño hace. Puedes aprender de ello, mejorar, y ver la parte positiva siempre.

Cuando aprendas a ser tu propio aliado, descubrirás que rodearte de personas que te quieren tal y como eres puede potenciar aún más tu viaje hacia la aceptación.

Rodearte de gente que te quiere tal y como eres

Este es un punto clave: si quieres aceptarte tal y como eres, debes rodearte de personas que te acepten también. No hay nada peor que estar rodeado de gente que constantemente te está criticando o haciendo que te sientas menos de lo que eres.

Las personas que tienes a tu alrededor tienen un impacto directo en tu bienestar emocional. Así que haz una pequeña revisión de tus relaciones. ¿Estás rodeado de gente que te apoya, te anima y te valora? ¿O estás rodeado de personas que te hacen sentir que nunca serás suficiente? Si la respuesta es la segunda, quizás es hora de replantearte esas relaciones. Puede que sea doloroso dejarlas pasar, pero más doloroso será si te quedas con ellas y vas tragando con todo lo que te digan a diario y te vayas creyendo todos los reproches que te lancen. Dejarlas pasar de largo también será un acto de amor y respeto a ti mismo.

Además, si te consigues rodear de gente feliz, que te inspire, que no solo te diga cosas buenas, te consuele cuando lo necesites, te entienda y te tienda una mano amiga en los malos momentos, estarás sumando muchísimo a tu evolución. Hablo de esa gente que te transmite una energía muy buena nada más verla, o estando en su presencia simplemente. Esa gente que siempre ve el lado positivo de las cosas, que ve oportunidades de mejora en cualquier fallo o error y no se martiriza o entristece enormemente. Esa gente que, incluso sin hacer nada, te ayuda y te mejora.

Recuerda: mereces estar rodeado de personas que te quieran por lo que eres, no por lo que deberías ser.

"Eres el promedio de las cinco personas con las que pasas más tiempo." - Jim Rohn -

El amor y apoyo que recibimos de otros es invaluable, pero también es importante aprender a dejar de compararnos con los demás, para poder disfrutar de nuestras propias experiencias.

Cómo dejar de compararte (y no morir en el intento)

Lo hemos mencionado antes, pero merece una sección especial: la comparación es el ladrón de la alegría. ¡Es una trampa! Y con las redes sociales, esta trampa está en todas partes. A veces, sin darnos cuenta, estamos en Instagram viendo fotos de gente que parece tenerlo todo y pensamos: “¿Qué estoy haciendo mal?”.

Lo primero que tienes que hacer es darte cuenta de que lo que ves en redes no es la realidad. La gente muestra lo que quiere mostrar, y normalmente es solo la parte bonita de su vida. Pero todos, y cuando digo todos, es todos, tenemos días malos, cometemos errores y lidiamos con nuestras propias inseguridades.

Así que la próxima vez que veas algo en redes que te haga sentir mal, recuérdate que cada uno tiene su propio camino, y que tú estás exactamente donde debes estar. Es normal que los demás parezcan tener vidas perfectas, pero lo importante es que tú estés enfocado en la tuya y en tu propio crecimiento.

No estoy diciendo que dejes de ver redes sociales, pero evita todo el contenido que no te beneficie o que te haga mal. Es decir, puedes quedarte con el contenido que te inspire, que te anime a mejorar. También puedes cambiar tu forma de ver esas publicaciones y, en lugar de verlas como algo que no tienes porque no eres suficientemente bueno, puedes pensar que es algo a lo que aspirar, algo que te sirva de ejemplo, no para alcanzar la perfección y ser como esa gente «perfecta», sino para mejorar hasta donde tú quieras o creas conveniente. Quédate con lo bueno y descarta lo malo. Si no suma, ¡que no reste!

Dejar de lado las comparaciones es un acto liberador que nos permite celebrar nuestros logros, sin importar cuán pequeños sean, como parte de nuestro crecimiento personal.

Celebra tus logros (¡aunque sean pequeños!)

Nos encanta minimizar nuestros logros. Es una tendencia casi automática. Hacemos algo bien y, en lugar de alegrarnos por ello, pensamos en todo lo que aún no hemos conseguido. Pero, ¿sabes qué? Cada pequeño paso cuenta, y es muy importante que aprendas a darte cuenta de ello y felicitarte por esas cosas que haces bien, por pequeñas e insignificantes que parezcan.

Si has completado una tarea importante, ¡celébralo! Si te has mantenido firme en una meta personal, ¡date una palmada en la espalda! Al hacerlo, estarás reforzando la idea de que, paso a paso, estás avanzando hacia tus objetivos. Celebra todo, desde los logros más pequeños hasta los más grandes.

Esto te mantendrá motivado y te recordará que el proceso importa tanto como el resultado final.

Por ejemplo, por el simple hecho de estar aquí, leyendo esto, ya es un logro importante por el cual debes felicitarte. No digo que hagas una fiesta e invites a todo el mundo cada vez que hagas una pequeña cosa bien, pero sí que te des cuenta de ello y lo admitas. Simplemente con que te digas a ti mismo lo bien que lo has hecho o lo que has logrado, ya sería bueno para ti. Todos necesitamos reconocimiento y muchas veces debe venir de nosotros mismos y no de otra gente.

Y cuando hagas algo grande, celébralo a lo grande también, que no te de corte compartirlo con tus amigos y conocidos, que no te de vergüenza mostrar lo que has conseguido. Si para ti es motivo de orguyo, muéstralo al mundo.

Celebrar cada paso es crucial; sin embargo, también es esencial desafiar esos pensamientos negativos que a menudo nos impiden ver nuestro verdadero valor.

Desafía los pensamientos negativos

En ocasiones, somos nosotros mismos los que generamos nuestra autocrítica negativa. Frases como «no soy suficiente», «no hago nada bien», «todo me sale mal» o «esto no es para mi», son las que surgen de nuestro interior para sabotearnos a nosotros mismos y evitar que mejoremos y evolucionemos, pero debemos darnos cuenta de ellas para bloquearlas y no permitirles conseguir hundirnos. En lugar de ello, puedes preguntarte: ¿Es cierto esto que me digo? ¿Tengo pruebas de ello?

La mayoría de las veces, esos pensamientos negativos son como esas películas de terror de bajo presupuesto: simplemente no tienen lógica. Por ejemplo, si piensas “Soy un desastre en mi trabajo” o “Nunca logro nada”, pregúntate: “¿Es esto realmente cierto? ¿He tenido momentos de éxito? ¿He recibido buenos comentarios?” De esta forma te darás cuenta de que puedes desmontar esas autoconcepciones tuyas negativas, que la mayoría de veces son solo creencias sin fundamento y que, de hecho, hay pruebas de todo lo contrario.

Otra táctica buena que puedes usar es intentar verte desde fuera, como si fueses otra persona, es decir, si lo que te está sucediendo a ti, o si tu situación, la tuviera por ejemplo un amigo tuyo. ¿Qué le dirías a ese amigo que está en tu misma situación? Seguro que no lo machacarías con las mismas frases que te dices a ti mismo. Todo lo contrario, intentarías animarlo, decirle lo bueno que tiene, ver el lado positivo. Pues eso es lo que debes ver tú de ti mismo, las cosas buenas y reales que tienes y haces cada día.

Ahora, aquí es donde entra la magia de la reformulación. En lugar de dejar que tu mente sea un parlante de críticas, puedes transformarla en una voz de apoyo. Dile: “Claro, a veces cometo errores, ¡pero también he logrado cosas increíbles!” Esto te ayudará a romper ese ciclo de autocrítica, y poco a poco, construirás una autopercepción más compasiva y realista. Recuerda, ¡no estás solo en esto! Todos tenemos pensamientos críticos, pero lo importante es aprender a desafiarlos y no dejar que nos definan.

Un truco para trabajar este punto es escribirlos. Coge papel y boli y escribe esos pensamientos que te vienen a la mente, e intenta rebatirlos con hechos realistas de por qué no son así. De esta forma te darás cuenta de lo fantasiosos que son y podrás sentirte mejor al instante. Además, te servirá para identificarlos más rápida y efectivamente en el futuro y no dejar que te afecten. ¡Habrás ganado la partida antes de empezar!

Al confrontar esos pensamientos destructivos, es un buen momento para hacer una lista de tus cualidades y recordar todo lo que aportas al mundo.

Haz una lista de tus cualidades

¿Listo para un pequeño ejercicio de autocelebración? Saca ese bolígrafo y papel (o tu app de notas en el móvil) y empieza a hacer una lista de tus cualidades. Este no es solo un ejercicio cualquiera, ¡es como construir tu propio monumento a ti mismo! Escribir tus características positivas puede ser una herramienta poderosa para mejorar tu autoestima y recordarte todo lo que te hace valioso y único.

Comienza con lo que te gusta de ti mismo, ya sea que seas un organizador de armarios de nivel experto, un chef de la pasta o el rey o la reina de las manualidades. Escribe también esas cualidades menos evidentes, como tu capacidad para escuchar, tu sentido del humor o tu curiosidad insaciable. A menudo olvidamos nuestras cualidades cuando nos centramos solo en lo que consideramos defectos. Esta lista será tu recordatorio tangible de tus fortalezas, ¡como una capa de superhéroe que puedes llevar contigo a donde vayas!

Puede que al principio no se te ocurran muchas cualidades buenas de ti mismo, o pocas y eso te defraude o te haga sentir menos. Pero es normal, a todos nos pasa que delante del papel nos quedamos en blanco. Te voy a dar un truco que a mi me sirvió mucho. Piensa en una persona a la que quieras, y enumera las cosas buenas que tiene. Ahora, piensa cuáles de esas cosas buenas las tienes tú también. Por ejemplo, si una persona a la que quieres es tu madre y cocina muy bien, párate a pensar si tú también eres un buen cocinero o si, aunque sea, te gusta experimentar en la cocina, y ¡ya lo tendrás!, una cosa buena descubierta gracias a pensar en una virtud de tu madre. Pues si sigues así, probando con varias personas, podrás alargar más y más la lista de cualidades propias y darte cuenta de todo lo que los demás valoran de ti para empezar a valorarlo tú también.

Cada vez que te sientas inseguro o empieces a dudar de ti mismo, saca esa lista y revísala. Déjate inspirar por tus logros y habilidades. Así, no solo te enfocarás en lo positivo, sino que también reforzarás la idea de que eres un individuo valioso más allá de tus errores o dificultades. ¡Es tu momento de brillar, así que asegúrate de recordarlo!

Reconocer nuestras fortalezas no solo mejora nuestra autoestima, sino que también puede enriquecer nuestras relaciones personales.

Mejorar las relaciones personales

Aceptar quién eres es un paso fundamental para mejorar la calidad de tus relaciones con los demás. Imagínate que eres un puente que conecta contigo mismo y con el resto del mundo. Cuanto más fuerte y seguro sea ese puente, más fácil será conectar con otros. Cuando te aceptas tal como eres, con tus imperfecciones y todo, te vuelves un experto en la aceptación. Esto te ayuda a adoptar una postura similar hacia los demás.

La aceptación no solo disminuye el juicio que sientes hacia ti mismo, sino que también reduce las expectativas poco realistas que a menudo se colocan en las relaciones. Aquí entra una idea muy valiosa: no pedir más a las personas equivocadas. Cada uno de nosotros tiene sus propios límites y habilidades, y es esencial aceptarlos. Si pides cosas que están fuera del alcance de alguien, es probable que te lleves una decepción.

Por ejemplo, imagina que necesitas ayuda para preparar un pastel para una celebración. No puedes esperar que tu amigo que no sabe ni hervir agua te ayude en la cocina. En cambio, podrías acudir a ese otro amigo que es un verdadero chef en su tiempo libre. De igual manera, quizás tengas un amigo que no es particularmente empático, pero es el mejor compañero para tus excursiones al aire libre. ¿Por qué? Porque cada persona tiene sus cualidades y fortalezas únicas. Cuando dejas de esperar que todos sean buenos en todo, te liberas de la frustración y el juicio.

Así, en lugar de criticar o intentar cambiar a los demás, puedes valorarlos por lo que son, con todas sus cualidades y defectos. Esta aceptación mutua crea un espacio donde todos se sienten valorados y comprendidos, lo que puede conducir a interacciones más profundas y significativas.

Cuando trabajas en tu propia aceptación, no solo mejoras tu relación contigo mismo, sino que también enriqueces tus vínculos con los demás. Al comprender que no todos son buenos en las mismas cosas, puedes fomentar relaciones más saludables y satisfactorias, basadas en la autenticidad y el respeto mutuo. ¡Es como tener una fiesta donde todos tienen un rol especial, y cada uno brilla a su manera!

A medida que nuestras relaciones florecen, es vital aprender a reconocer y validar nuestras emociones, un paso crucial en el camino hacia la autoaceptación.

Reconoce tus emociones

¿Alguna vez te has sentido abrumado por tus emociones, como si fueran un tornado que arrasa todo a su paso? ¡No estás solo! Reconocer tus emociones es como tener una brújula en medio de un mar de confusión. Este proceso implica aprender a identificar y nombrar lo que sientes sin juzgarte ni criticarte. A menudo, tendemos a evitar o reprimir emociones negativas, como la tristeza o la ira, creyendo que no deberían estar presentes. Pero aquí está la verdad: todas las emociones, incluso las más incómodas, son parte de nuestra experiencia humana y merecen ser reconocidas.

Así que la próxima vez que sientas tristeza, en lugar de correr como si estuvieras huyendo de una tormenta, permítete experimentar esa emoción. Pregúntate qué la está provocando y cómo puedes cuidarte en ese momento. Aceptar tus emociones no significa quedarte atascado en ellas, sino reconocerlas como parte de tu ser. Es como permitir que un amigo hable en la fiesta, en lugar de ignorarlo porque te incomoda.

Al permitirte sentir sin juicio, comienzas a crear un espacio interno donde te sientes seguro para ser auténtico. Esta práctica no solo te ayuda a comprenderte mejor, sino que también fomenta una relación más saludable contigo mismo. Al aceptar todas tus emociones, te vuelves más resiliente y capaz de enfrentar los altibajos de la vida con mayor empatía y compasión hacia ti mismo. Así que, la próxima vez que surjan esas olas de emoción, recuerda: ¡son parte de la experiencia humana, y tú estás aquí para surfearlas!

En resumen, al reconocer tus emociones, no solo enriquecerás tu autoconocimiento, sino que también te prepararás para afrontar las relaciones con los demás desde un lugar de autenticidad y conexión. Así que, ¡abramos la puerta a todas nuestras emociones y dejemos que hagan su entrada triunfal!

Al final, aceptar nuestras emociones es un pilar en el viaje hacia la aceptación personal, donde la comprensión y el amor propio se convierten en nuestras guías más fuertes.

Conclusión

Así que, querido lector, recuerda que la autoaceptación no es un destino, sino un viaje. Es un proceso continuo donde cada paso cuenta, y cada error es una oportunidad para aprender. Aceptarte a ti mismo significa liberar el peso de las expectativas y abrazar tanto tus virtudes como tus imperfecciones. A medida que practiques la gratitud y la autocompasión, y rodeándote de personas que te apoyan y te valoran, comenzarás a notar cómo tu relación contigo mismo se transforma de una lucha constante a una danza armoniosa.

No olvides que está bien celebrar tus logros, sin importar cuán pequeños sean; cada uno de ellos es un ladrillo en la construcción de tu confianza y amor propio. Así que, la próxima vez que esa voz crítica te susurre al oído, respóndele con amor y comprensión, recordándole que eres suficiente tal como eres. Este es tu camino, y cada paso que das es un reflejo de la valentía y la autenticidad que llevas dentro.

¡Adelante, ámate y acéptate en toda tu gloria imperfecta!